7/10/2011

A PROPÓSITO DEL TERROR BLANCO Y LA DERROTA DEL FUJIMORISMO


Alberto Rivera                                                                                                                                       betorh58@hotmail.com
“La victoria de Ollanta Humala en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el último 5 de junio, ha salvado al Perú de la instalación de una dictadura que, amparada por una mayoría electoral, hubiera exonerado al régimen de Fujimori y Montesinos (1990-2000) de los crímenes y robos que cometió, así como de los atropellos a la Constitución y a las leyes que marcaron ese decenio. Y hubiera devuelto al poder a los 77 civiles y militares que, por delitos perpetrados en esos años, cumplen prisión o se encuentran procesados”.
Mario Vargas Llosa, La Republica, 19 de Junio del 2011)
  
En 1815 tras  la derrota definitiva de  Napoleón en Waterloo y su exilio final en la Isla de Santa Elena, se produjo la Restauración Borbónica (el retorno de los Borbones al poder político), periodo que abarcó desde 1815 a 1830.  Periodo donde los sectores contrarrevolucionarios y reaccionarios intentaron hacer girar hacia atrás las ruedas de la historia, implementando una política que buscó  el restablecimiento del Antiguo Régimen.
Los sectores monárquicos ávidos de venganza contra quienes los desplazaron del poder político iniciaron “…varios episodios de represión y terror…… contra sus oponentes…..grupos clandestinos de monárquicos emprendieron asesinatos y masacres de personalidades y militantes republicanos, bonapartistas y liberales, con la complicidad de las autoridades que se encargaban de la represión oficial y de la depuración de las instituciones”.
Este conjunto de episodios durante la restauración borbónica, ha sido denominado en la historia, el Terror Blanco, y significó la instauración de una política represiva y persecutoria contra todos aquellos que tuvieron algún papel durante el periodo napoleónico, es decir durante el proceso de la revolución Francesa.
Análogamente en nuestro país, durante las últimas elecciones presidenciales, el posible retorno del fujimorismo significó  la muy probable instauración de una política de venganza tal y como sucedió en la Francia post napoleónica, una forma de  Terror Blanco, es decir de una política de represión y persecución contra aquellos que denunciaron y tomaron activa participación en la caída del régimen fujimorista.
Y fueron las mismas declaraciones de sus principales representantes las que se encargaron de ratificar estas sospechas, podemos mencionar la advertencia que lanzaría la flamante congresista elegida  Martha Chávez sobre el magistrado que sentenció a su líder, Alberto Fujimori, “…la virtual congresista de Fuerza 2011 lanzó una seria advertencia al actual presidente del Poder Judicial, César San Martín, quien –según dijo tendrá que explicar la sentencia que dictó, en su condición de juez, contra Fujimori por delitos de lesa humanidad”. (Diario 16, Abril 16, 2011)
En palabras de Rocío Silva Santisteban, secretaria ejecutiva de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH) “…El fujimorismo no va a volver para limpiar su imagen. Va a regresar a vengarse”. (La República, 03 de Mayo 2011).
Sinesio López, complementa esta visión sobre un posible  triunfo de Keiko afirmando que significaría “…..el retorno del autoritarismo, del Estado clientelar neoliberal incapaz de integrarse a la región; pero también el regreso del montesinismo, como lo demuestra en estos días el control de los medios, las cobardes y anónimas amenazas al director de La Primera y a los familiares de MVLl y los recientes ataques a los nacionalistas en Cajamarca. (Sábado, 28 Mayo 2011.La República).
De esta manera la victoria del Fujimorismo hubiera significado no sólo la instauración de un posible “Terror Blanco”, contrastando el periodo de la restauración borbónica, sino el retorno por la puerta grande, de quienes expoliaron las riquezas de nuestro país e hipotecaron nuestros recursos a las corporaciones transnacionales; el retorno de los violadores de derechos humanos y defensores de  un modelo de estado que priorizó el beneficio del capital trasnacional en perjuicio de las amplias mayorías populares y los capitales nacionales.
Afortunadamente se logró impedir el plan de los sectores más recalcitrantes de la derecha peruana, impedir la victoria de un candidato que había levantado banderas de sectores progresistas del país, y en ello jugaron un papel importante los jóvenes universitarios y no universitarios; jóvenes que salieron a las calles y muchos de ellos sin haber vivido ese periodo nefasto de dictadura, defendieron y reivindicaron la memoria de un pueblo que a veces pareciera olvidar.
La derecha peruana no tuvo ningún rubor en olvidar la sentencia moral y los serios delitos que determinaron la culpabilidad del fujimorismo y apoyó sin ambigüedades el intento de retorno de una de las dictaduras más nefastas para nuestra historia a fines del siglo XX.
De esta manera el sector de la derecha más recalcitrante se saco la careta y dejo ver ante los ojos del pueblo peruano su verdadero rostro dictatorial y de no respeto de las reglas básicas de toda democracia.
Frente a ello el pueblo peruano, tanto en las calles como en las urnas emitió su sentencia, y salvó al Perú de la instalación de un régimen que lejos de buscar la democratización que tanto requiere nuestro país, habría agudizado los enfrentamientos y buscado vindicar su nefasto régimen.